Creo que eso fue lo primero que me di cuenta cuando llegue a este país. Me ví a mi misma en ese aeropuerto en horas de la tarde, arrastrando una maleta y tratando de conseguir algun cambio para hacer una llamada por telefono para llamar a mi tio que fuera a recogerme.
Eso era todo lo que tenia. Una maleta... muchas expectativas pero solo una maleta. No tenia ni mi cama, ni la sala, ni el apartamento en Bogota. No eran mios. Nada de lo que habia usado en toda mi vida era mio, solo si acaso mi ropa pues en mi casa me enseñaron a que todo era de todas, de las tres mujeres de mi casa incluyendo mi mamá, mi hermana y yo.
Al llegar a la casa de mi tio la situación se hacia más evidente. Me ofreció su casa, una habitación. Podía utilizar todo lo que quisiera, pero también en el fondo sabia que tampoco nada de eso era mío. Dios a través de mi tío me estaba dejando utilizar/disfrutar cosas por las que no habia trabajado.
En la Universidad y en esta ciudad he sentido lo mismo varias veces. Creemos que tenemos las cosas porque nos las merecemos o damos por sentado que todo debe estar ahí. Pero tampoco trabajé por ninguna de las cosas que estaba disfrutando. Un maravilloso campus, un espectacular gimnasio, autopistas, centros comerciales, museos, etc.
Concluí primero Dios nos permite disfrutar de cosas que no hemos trabajado. No somos dueños de nada. En cambio, él es el dueño de todo.
Segundo, deberiamos actuar de tal forma que las cosas que hacemos sirvan de bendición para otros, incluso otros que no conocemos, otros que vendrán en muchos o pocos años.
Dios permiteme ser bendición para otros
No hay comentarios:
Publicar un comentario